martes, 30 de abril de 2013

Aventuras del chico tabú y la nena boba, PARTE II - Cusco


Y bueno, como decía en mi entrada anterior, era inevitable que nos encontremos en Cusco porque, lamentablemente, tenemos muchos amigos en común.
Yo llegué como dos días antes y, el fin de semana, mi mejor amigo me dijo para ir a una reunión de unas amigas suyas y fuimos. Al llegar, OH, sopresa, ahí estaba él, sentado mirándome con una sonrisa congelada, con la cara roja como ninguna otra y todos sus amigos y amigas se quedaron idiotizados y silenciosos, viéndonos. Cuando me tocó saludarlo, se puso nervioso y, para mi sorpresa, su cara se logró poner más roja. No sé si yo estaba igual porque sólo sentía que toda mi cabeza palpitaba, quería irme y llorar. Lo peor de todo fue que todos empezaron a gritar eufóricos, apenándonos por todo e intercambiamos una mirada de desesperación. Me acerqué a mis amigos que estaban en una esquina y bebimos mucho, lo único que supe de él en toda la noche fue que se le soltó el estómago y que durante  se la pasaron presionándolo para que se me acercara.
Al día siguiente, estaba apenada, muy, muy triste, molesta, confundida, entonces hice lo que siempre hago en estos casos: mandarle un mensaje. Le dije que me apenaba mucho lo que había pasado el día anterior porque, al margen de todo, éramos amigos y que no entendí la actitud de sus amigos pero que, bueno, no se sintiera incómodo por eso. Me respondió en menos de un minuto diciendo: gracias, esperaba que me dijeras algo así, fue preciso. Hay que vernos en estos días. (Obviamente, él JAMÁS se hubiera atrevido a escribirme lo que pensaba).
Ese "hay que vernos en estos días" suena sencillo pero, como era de esperarse, me puso muy nerviosa; en mi maleta tenía un pote gigante de Nutella que le había traído de Francia y un frasco con cerezas (en Arequipa comimos eso y teníamos lindos recuerdos de ese día.)
Me quedaba una semana en Cusco y no nos vimos hasta el sábado (me iba el domingo). Ese día, no hicimos nada extravagante, caminamos por la plaza, fuimos a un mercado donde vendían partes de celulares a buscarle un repuesto a no sé qué, fuimos a Mc Donald's por papitas, comimos cerezas con Nutella y volvimos a alguna banca de la plaza. Pero esas tres o cuatro horas me hicieron olvidar la mala experiencia del fin pasado y, luego de mucho, pude ver nuevamente al chico que me gustaba tanto, y ver sus ojos mirando sólo hacia los míos, fluyendo juntos con naturalidad, como yo lo había conocido. Me hubiera quedado en esa banca hasta perder el vuelo pero, al día siguiente ambos partíamos, él hacia Arequipa y yo hacia Lima y debíamos alistarnos para nuestras respectivas juergas.
Llegó la noche y estaba con mis amigos, él apareció luego de unas horas en la misma discoteca, con su grupo, intercambiamos un par de palabras y, nada, al cabo de unas horas yo estaba llorando y abrazando a mi mejor amigo y, al día siguiente, estaba en un avión, sentada rumbo a Lima, pensando en lo deprimente que es la música que ponen antes de despegar.
Llegué del cielo despejado a la humedad borrosa de la capital, de pensar en qué ponerme para verlo y cómo saludar a pensar en cómo sacarme todo ese dolor de la cabeza, del corazón, de todo el cuerpo.
Así de cursi, así de feo, así de patético.
E hice lo que siempre hago en estas situaciones: le escribí.
Le dije todo, vomité todo en las teclas y se lo mandé, le dije que me parecía injusta su actitud porque si bien yo lo quería, eso no significaba que quería algo con él que no fuera ser su amiga y que me parecía ridícula su actitud de niñito frente a sus amigos que le decían cosas y que lo que más me dolía era que, DE LA NADA, me haya dejado de hablar así, radicalmente, si me hubiera avisado, por cortesía y como una persona normal, yo JAMÁS  me hubiera molestado y me hubiera ahorrado muchas lágrimas e inseguridades. Así era como, según yo, debía cerrar este fatídico episodio de mi vida.
Y, bueno, casi me da un paro cardíaco al ver que me había respondido al día siguiente. Y, peor aún, era un mensaje larguisisisísimo. Lo devoré como al capítulo más interesante de un libro. Me dijo que le alegraba mucho que le haya escrito porque, una vez más, él no hubiera podido. Que estaba muy triste por todo lo ocurrido y más aún por saber que me había hecho daño al no dar explicaciones y procedió a hacer un recuento desde que lo conocí. En resumen, escribió algo así como.. nos conocimos, nos vimos primero en Lima, luego en Arequipa, eras diferente a todas las chicas que conocí, me fui enamorando e ilusionando y, cuando te fuiste a Francia, sentí miedo, miedo porque nunca iba a pasar nada entre nosotros, porque pensar en ti absorbía mi tiempo, no podía concentrarme, estudiar, organizarme, tener todo bajo control... Como siempre lo hacía antes de conocerme. Así que decidió dejar de hablarme, poco a poco y, en Cusco, todo lo descuadró: verme sin estar preparado, sus amigos poniendo la situación más incómoda, todo descuadraba de su mundo perfectamente planeado y cuadriculado.
Y, bueno, quedamos en ser amigos pero, obviamente, no volvimos a contactarnos por todo ese año fatídico
Salvo un par de veces que me habló...
Salvo en Octubre, dos meses y medio después de todo lo escrito arriba, que fui a Arequipa.
(...Mi abuela vive ahí, tampoco estoy loca.)



lunes, 29 de abril de 2013

Mi chico tabú


Hay mil temas tabú a nuestro al rededor y nos empeñamos en hacernos los muy post modernos y los gritamos, los toqueteamos, los desmitificamos.
Chévere, pero hay un problema: nosotros también tememos nuestros propios temas tabú y pueden ser realmente incómodos y hasta pueden causarnos lagunas.
No sabía cómo volver a escribir en este blog así que hoy hablaré de mi tema tabú, ¿qué mejor idea que hablar de lo que no quiero hablar?
Se trata de mi chico tabú.
(Suspiro, escribo, borro, escribo, me apeno mucho, mueca, pienso, y creo que ya escribo).
Cuando lo vi por primera vez, tenía 13 (sí, 13 años) y jamás pero JAMÁS me imaginé que iba a volver a verlo ni que terminaría siendo mi "primer gran amor" (ay, qué cursi).
En fin, unos tres años después (ya tenía 16), cuando estaba de vacaciones e iba a pasar a 5to de secundaria, me agregó a facebook, supongo que por los muchos amigos en común que tenemos.
Él estaba en Europa por el verano y no podía dormir por el cambio horario y chateábamos toda la tarde hasta que se hacía de noche y para él amanecía.
Fue así como empezamos a hablar y conocernos, hablábamos de nuestras metas, de tonterías, de comida, de nuestra familia, de nuestras personalidades opuestas, él me hablaba de su pasión por la tecnología y las matemáticas, yo le hablaba de arte y la luna, le hablaba de Lima y él me contaba de Arequipa. Así es, vivíamos en ciudades distintas.
Quería demasiado verlo en persona, ver sus ojos brillando y ver el "jajaja" tipeado en su sonrisa. Y el momento  había llegado.
Fue un día de marzo, él llegaba y estaría en la capital por un par de días y luego tomaba un vuelo a Arequipa. Nos encontramos, nos miramos, nos sonreímos, nos gustábamos.
Se fue y pasamos el tiempo conversando por chat, por el celular, emocionados y, sin darnos cuenta, pasaron dos meses y yo estaba en Arequipa de viaje familiar.
Así que volvimos a vernos y, francamente, hasta ahora nunca he vuelto a sentir esa conexión, parecíamos dos niños descubriendo el mundo cuando estábamos juntos, me encantaba que rompa con su timidez y que haga locuras y a él le encantaba mi locura. Fui por una semana pero me quedé 15 días más y llegó la despedida. Nervios, abrazos, besos torpes, llave-puerta, adiós, noche, llorando con toda mi soledad y tristeza.
Volvimos a la conversaciones del chat y llegó junio. Llegó un junio en el cual ya no nos aguantábamos lejos y no, no nos encontramos. Yo me fui a Francia por un mes. En mi orgulloso intento de madurez (y un poco por seguir consejos) aproveché la falta de tiempo para hablar con él máximo una vez a la semana y creo que él también lo quiso así. Pero hasta ahora me pregunto si hubiera hecho lo mismo por mi propia determinación, si no hubiera hecho caso a todas mis amigas, que me sugerían apartarme de él, de toda su timidez y de lo mucho que lo extrañaba.
El resultado fue volver y notar un frío, frío espacio y una distancia muy distinta a la que, de por sí, ya nos separaba. Íbamos hablando de a pocos y yo sufría, sufría mucho y él me hablaba pero distinto y menos, por los trabajos, o decía algo así.
Dos meses después, nos veríamos en Cusco. Ahora no sería igual, no sabía qué esperar con esa extraña distancia, sabía que le gustaba, pero algo andaba raro.


Hola de nuevo

No escribo hace como.. ¿dos años? Fácil por flojera, o porque tuve mi etapa de rebeldía o porque decidí que si no escrbía bien, no valía la pena hacerlo.
En cualquiera de los casos, delatan cierta estupidez en mí. De hecho, creo que hacer estupideces es una de las mejores cosas que sé hacer yyy bueno, ahora estoy explotando de a pocos, reivindicándome conmigo misma y tratando de entender un poco mejor mi vida así que, en vista de nadie lee esto (ni si quiera yo) trataré de ir escribiendo, poco a poco, las cosas que molestan mi memoria y que me van pasando.
Pero, para hacer todo bien, lo haré en el siguiente post, para mantener el orden.