Sobre “El milagro porno
O la nostalgia de lo maravilloso”
“Gato Encerrado”, Fernando Ampuero
Hoy en día, la Iglesia católica ha derrochado cual un hechizo sobre los creyentes -y, de manera indirecta, a las personas que vivimos en una ciudad tan cucufata como lo es Lima-, una suerte de normas y parámetros irrefutables. Al parecer, simples reglas morales, resultantes de la completa razón.
El bien y el mal, ¿de dónde los sacamos?
Muchas personas ven las religiones como una guía en sus vidas, un manual, o sea, una ayuda para encaminarse por este mundo al verse incapaces de hacerlo por sí mismos.
Para ellos, lo que figura como “lo bueno”, está bien. Y “lo malo”, está mal. ¿Correcto?
Entonces, ¿en qué rayos está pensando una persona cuando piensa que lo moral, correcto y completamente dentro de “lo cuerdo” que pueda estar un humano es cuando éste empieza a autoflagelarse, ayunar, llorar sangre, etc.?
Traté de responderme esto último con Google, buscando “Santa Rosa de Lima”, por probar mi suerte, el cual me envió directamente a la página del arzobispado de Lima, ¡BINGO! Al parecer tenía una respuesta:
“Sus penitencias, ayunos y mortificaciones continuadas aún hoy siguen asombrando al mundo pues nos preguntamos cómo una doncella tan frágil pudo tomar para sí tales ofrecimientos, y nos respondemos que ella fue llevada por el encendido amor a Dios que le impulsaba a pedir perdón por sus hermanos.”
¿Sus hermanos acaso recapacitaron?
En todo caso, ¿es racional pensar que alguien que está en “el cielo” –evidentemente- pueda “volver” a la Tierra pasando a hacer una que otra visita cuando se le apetezca y cumpliendo los pedidos de la gente?
Si así fuera, y sin quitarle méritos a las acciones bondadosas de todas las personas que más tarde fueron nombradas santas, ¿qué debe tener –hacer- una persona común y silvestre para estar en esa condición?
Dentro de lo bueno o malo, la Iglesia Católica (casi escribo “Católoca”, en serio) ve como inconcebible el nombrar como santa a Sarita Colonia, ¿por qué? Tal vez porque no sufrió lo suficiente o porque no metía el dedo en sus llagas, pero, probablemente, lo más acertado sea pensar que fue por tener dentro de su curriculum la experiencia de haber sido casi violada sexualmente. No se dio, según se dice, porque de pronto su órgano sexual había desaparecido, como una Barbie. ¿Qué tiene de oscuro y grotesco eso para la Iglesia? Da qué pensar acerca de quién tiene la mente más pervertida…
Parece un aula de inicial llenándose de sorpresa al escuchar que alguien dijo: lapalabraprohibidacon”V”.
Pero, ¿para qué más santos?
Si Sarita Colonia fue alguien realmente digna de recordar, como todos dicen, ¿para qué embarrarla situándola en la misma condición de todos los santos comunes?
Un poco más de personalidad, por favor.
Amén