domingo, 26 de abril de 2009

Recuerdo de una conversación

Hoy hablé contigo. No hice oraciones que todo el mundo repite de memoria, te hablé directamente, de nieta a abuelo; y te dije cuánto te amaba, cuánto te extrañaba.
Te hablaba sabiendo que me estabas escuchando, te hablaba del corazón, desde lo más profundo e íntimo que mi alma posee.
Te conté sobre el libro que estaba escribiendo, te conté que era sobre ti, que era para ti. Te dije que lo había dejado (no te mentiría) porque me tenía flojera. Te prometí que lo retomaría y que la flojera no es buena, ya lo sé. Que dejar grabadas todas aquellas mágicas e increíbles aventuras por toda la eternidad, es lo que más quiero.
No estoy triste, tengo esperanza. Y no sólo esperanza, sino que creo ciegamente en que nos reencontraremos, que seremos felices, y que me ayudarás a caminar, nuevamente...
Y sé que mi papá tampoco está triste, sólo te está extrañando, al igual que yo.
Puedo ver en sus ojos un brillo melancólicamente alegre cuando habla sobre ti. Vamos a tener paciencia.
Y bueno papú, esto no es una despedida. Hasta siempre, sabes que mi corazón está contigo.