domingo, 19 de septiembre de 2010


No sé qué demonios está pasando.
Creo que tengo que despertarme
pero en mi estómago no me entra ni un sorbo de café
ni una pizca de aire
ni una pitada mediocre de un cigarro
ni una mirada panorámica de todo lo que hago.

Todo es nauseabundo,
desolado
tornasolado, negro pero denso.
Hay aceite en la pista de aterrizaje
Riesgo
es hora de lanzarse.
Y tengo miedo de que sea en vano
todo está cambiando
globos de colores van volando
y en mi mente se van reventando
piedras saltan sobre el agua
y la tierra absorbe.
la piedra -sola- estalla
será tiempo de partir
sé que me tengo que ir.
-de un lado al otro-

¿Cuáles de mis amigos seguirán conmigo aunque sea a la distancia?
No tengo miedo por los nuevos amigos que haga,
sólo hay que tener la ideología clara.
¿Seguiré teniendo a mi perra y a mi gata?
Ya quiero que sea mañana
Mientras deseo que el tiempo parara.
Es una disyuntiva que me invade el alma
alma que duda y divaga
que se mete en la yaga
que no deja de fregar, haga lo que haga.

Es inútil

Quiero expresar tantas cosas
y siento que no logro hacerlo
Botar esta gran bola de acero
hago el intento.
¿Cómo lo suelto?

Todo está tan disperso
Ni siquiera sé lo que siento
Hasta del amor me lamento
¿Y si luego me arrepiento?
Ya no tengo tiempo para hacer el intento.

Todo es eléctrico
superficial
el cielo se ha vuelto una pantalla
un techo de vidrio, ajeno.
No es así.
El cielo son dos dedos
que juegan en una paleta haciendo un círculo infinito
con azul, rojo y amarillo.
Y las nubes son agujeros en el color,
escaparon del camino sin temor,
nos muestran ventanas
suben,
bajan,
alternan.
Danzan.

(Hoy todo está tan nublado.)

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